Para tener una idea de la importancia, inauguró un ciclo de 240 años de conjunciones en signos de aire, dejando atrás otros 240 años de conjunciones en signos de tierra.
Este inicio con cambio de triplicidad retorna cada un milenio. Las cifras pueden estar desajustadas, lo aporto como clave cualitativa. Como si ordenáramos “matrioshkas”, de la más grande a la más pequeña, pasaron apenas de 5 años de un ciclo fundante. La novedad está en pañales, prevalece una profunda desorientación con algunos destellos.
Júpiter y Saturno: luz y oscuridad. Júpiter como soporte, escudo y garante para las luces (Sol & Luna), por tanto, prevalecencia de lo estable y prolífico. Saturno como periferia, borde y negación de la luz. En signos de aire Saturno tiene triplicidad, y en Acuario domicilio. Júpiter quedó afligido, la fortaleza de Saturno ha sido, está siendo contundente, pese a que actualmente Júpiter transita por su signo de exaltación. Lo particular no mitiga lo general.
En Argentina, elecciones mediante, las consultoras no aciertan sus pronósticos, no hay lectura de la realidad. Hay un predominio de lo “outsider”, un empeoramiento de la polarización, la pulverización de cualquier posición intermedia o moderada. Lo purista moralista, el pensamiento faccioso y la corrección política —en ambos extremos— alcanzan su máximo, y con ello la hipocresía que desprende.
Todo conduce a una clave aérea: la de la representación, lo performativo. No importa ya el hecho en sí, sino lo que representa. El aire como elemento de lo discursivo y representativo, aquello que no es sustancia sino apariencia, mediación. No es casual que las redes sociales sean el instrumento estrella de este ciclo.
Un recordatorio: ningún paradigma posee o producción por si mismo. Va a necesitar de individuos que obren y participen con él. Y no me refiero a personas, sino a individuos.


